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Humberto Ochoa, plástico y poeta

Humberto Ochoa, plástico y poeta
Abril  Le hicimos una visita de verano, en su casa de Agua Dulce, donde lo encontramos  con familia, con amigos, con alumnos, con proyectos y enseñando; como siempre, amable, sereno, creativo y reflexivo.

Veníamos de la exposición que el Rotary de Castillos realiza todos los años en la Escuela del Balneario, como una de las importantes actividades que se organizan en la “Semana de Agua Dulce”. Vimos sus obras, como siempre sorprendiendo, en este caso por su técnica, cuadros con paisajes de la zona pintados con café.
Quisimos saber de su actividad artística, de su pintura y sus poemas. ¿En qué andas Profe?
Ahora estoy en receso,  he pintado muy poco, esos cafés y dos cuadros que me encargaron con temática criolla: un  domador con un caballo en el palenque y una tapera, que me lo encargó un Inspector de UTU que era conocido. Ah… y un retrato es lo último que he hecho.
Cuéntanos cómo es eso del café.
Lo del café lo empecé hace muchos años,  cuando recibí formación con Daymán Antúnez  que fue alumno de Torres García y que anduvo mucho tiempo por acá. Él hizo algunos ensayos con café y me gustó como quedaba porque le da un estilo sepia, avejentado, eso hizo que me interesara y pinté mucho con café.
Con Antúnez empezamos a salir a los alrededores de Castillos y comenzamos a pintar algunos paisajes de la zona y fue el que me introdujo en la parte del café. Yo había hecho unas pruebas con yerba mate, también se pinta con remolacha, con vino. Me gustó la sensación de antiguo que da el café. Seguí practicándolo y cada tanto hago una serie de paisajes de aquí de la zona con café. Después de muchos intentos de agarras la mano problema del café es que se corta si la hoja no tiene la humedad necesaria para los celajes que forman las nubes y se hace imposible, no es como la acuarela que  se le puede agregar agua para poderlo  difuminar. El café tiene esa particularidad que es muy difícil de controlar. Después de mucha práctica se logra esa soltura, los tonos más oscuros se logran con pasadas superficiales, o con café más espeso. Después se van regulando los tonos es como si hicieras una aguada con tinta china. En algunos momentos he perfilado los contornos con tinta china. Habitualmente es una técnica que no se usa mucho, aunque es usada en todas partes del mundo. Ya los impresionistas  lo ensayaban y bueno todo lo que mancha pinta, si es con remolacha te queda el tono rojizo, con yerba mate te queda un tono verdoso  ocre, si pintadas con vino queda el color del vino. En pintura todo lo que mancha es utilizable también se pinta con flores, diluyéndolas con alcohol; como en la Escuela, ¿te acuerdas?


Tu posicionamiento en Internet está por tu libro de Punta del Diablo ¿a qué se debe?
Presumo que es porque Punta del Diablo ha tenido un auge imponente, gente que busca información de Punta del Diablo se retrotrae a la información que hay en el libro. Quien de pronto quiere hacer una referencia a la parte histórica se basa en ese  libro precisamente.
En el libro están tus dos facetas de escritor y plástico.
Si hay algunos dibujos. Muchísima gente  ha usado los dibujitos como complemento de fotos que ellos colocan de su estadía, tal vez con la intención de hacer conocer cómo es el tema de Punta del Diablo. El libro relata la historia del lugar desde los comienzos,  está hecho en base a diez reportajes a muchos de los pescadores fundacionales que contaron sus comienzos,  allí está el tema por eso la gente hace referencia al libro. No  hay otros libros que profundice en la génesis de Punta del Diablo, presumo que por ahí viene la cosa.
El libro tiene además, una estética muy especial, lo encontré en muchas escuelas del departamento.
Yo  los llevé  a muchas escuelas y tal vez  muchas maestras lo hayan adquirido.
¿En qué estás en literatura, tu otro perfil artístico?
Siempre estoy haciendo algún poema tengo proyectos, tengo dos libros prácticamente armados son en base a los aforismos continuando los que ya hice.
Tengo uno que se llamará “Adagios” y otro de Haikus de la poesía japonesa. Es muy particular porque los japoneses tienen esas cosas tan  admirables;  son tres versitos pequeños de cinco, siete y cinco sílabas. Es de la filosofía  Zen,  describe lo que pasa en este momento, ahora; refieren  mucho a la naturaleza y a lo que siente la persona. Tengo cientos de Haikus hechos, me gustó. El Haiku no admite la rima, básicamente tiene que ser sin rima, evitar la rima; pero tienen la constante. Ellos son muy especiales en eso, no sé por qué.  Algunos autores occidentales lo han hecho, el mexicano Juan José Tablada lo hizo,  Borges en algún momento  también lo hizo. Mario Benedetti también lo hizo al final de su carrera. Hizo un libro exclusivamente de Haikus aunque se daba algunas libertades. Al occidental se le está permitido que no sean tan estrictas las cinco, siete y cinco sílabas. Si la parte del concepto que se quiere elaborar lo necesita se le agrega un poquito; pero ellos son estrictos: cinco, siete y cinco y de ahí no salen.
Tal vez al traducirlas sufren algunas modificaciones
 He visto algunas traducciones que son sacadas del idioma original y no tienen exactamente esa métrica, cinco, siete y cinco. En japonés si pero la traducción se pierde. Es muy interesante, me encanta y estoy elaborando. No sé si publicarlo tendrá andamiento,  tal vez lo aprecie la gente que le gusta la literatura  un poco breve. Lo interesante es que tienes que decir lo que debes decir sin agregado de nada. Hubo siete  u ocho autores japoneses  famosos uno fue Bashoo,  hubo uno que se hizo célebre con un pequeñísimo aforismo que dice algo así como “ un viejo estanque / se zambulle una rana / ruido del agua” algo muy simple que pasó en ese momento.  Son quince palabras que te arman una idea de ese instante que es único y ¡con quince palabras! No sé qué aceptación tendrá de parte de la gente, sé que Mario Benedetti lo practicó y tuvo mucha aceptación. Después de entrar en el tema, recordé que mi maestro de pintura Tonelli hacía pequeños dibujitos con témpera  y  lo titulaba con un Aiku.  Es una cosa minimalista delicadísima, que a mí me agradó, me atrapó y siempre estoy pensando en ellos y anoto y anoto quizás algún día…
Encontré que has ganado algunos premios, sigue participando en concursos.
Cada tanto mando algo, en el 2012 gané un premio Gullunuza. Gané en poesía, mandé un poema sobre el tema indígena, tengo muchos poemas sobre el tema y  gané el primer premio que era una escultura en cerámica que representaba a Gullunuza.
En Castillos siempre ha habido referentes culturales muy fuertes, ¿te sientes un referente de la plástica de Castillos?
No sé,  eso lo tienen que decidir los otros, sólo sé que hace años que estoy enchastrando láminas y cuadros. Lo que sí, desde el punto de vista de la docencia, he estado durante mucho tiempo aportando ese tipo de cosas, empecé hace más de 35 años, con talleres para niños, después incorporé adultos y en eso  seguimos. Es sembrar  lo que he recibido, tuve dos muy buenos maestros que fue Carlos Tonelli de Maldonado en la Escuela Municipal de Dibujo y Pintura de Rocha y Daymán Antúnez que fue también el que me introdujo en la plástica, aunque ya venía haciendo algo y vale la pena referenciarlo, a mí me deslumbró una exposición que hizo Zelayeta. Él obtuvo una beca de Ancap cuando trabajaba en el puerto de Montevideo y fue a Europa. Tuvo como un año y pico o dos en Europa. Volvió con una carga enorme de acuarelas e  hicieron una muestra en el salón de abajo del Club Juventud. Yo tendría ocho, nueve años y ver aquélla cantidad de acuarelas  me impactó. Antes de irse a  Bahía, que fue donde se radicó después,  pintaba con tonos más apagados más ocre, más marrones, más baja la paleta pero a mí me deslumbró. De ahí empecé de mis primeros ensayos. Años más tarde apareció Dayman por acá pintado en Aguas Dulces, nos  conocimos y empecé a trabajar junto con él, hicimos muestras en San José y Rocha y seguí. Daymán me introdujo mucho en la parte de constructivismo que me apasiona, hago muchos constructivos.
En muchos de tus trabajos se nota la influencia del Constructivismo, pero como que tienes otras formas, que has tomado otros caminos manteniendo la esencia.
Sí tal vez sería la búsqueda, es que todos los que estudiaron con Torres García se abrieron a otras cosas pero siempre respetando lo básico. Me cuentan que él era muy estricto en su taller. A Daymán  Antúnez lo expulsó porque hacía caricaturas y  retratos. Decía Torres García que eso eran pamplinas el hacer caricaturas no estaba admitido en su formación académica. Cuando  pintaba no entraba nadie al taller, ni la Señora, él era muy estricto. Para mí  él fue el primer  pintor que tenía fundamentos filosóficos, dictó conferencias, escribió libros, sostenía su  prédica de que América no le debe nada a Europa en cuanto al arte. Aquello de que “el sur es nuestro norte”, él abrevó mucho en la Indo- América.
Buscó mucho el simbolismo de la primeras culturas aborígenes. Después llegó a esa visión cósmica que tuvo del hombre universal y de los símbolos. Por eso la pintura de Torres García es tan  carismática porque sus símbolos son universales.
En su búsqueda  fundamentó la parte filosófica y lo plasmó en su obra. Al principio fue muy resistido la gente decía “esos dibujos lo hace mi hijo” . Usó para todo  las medidas áureas, medía rigurosamente los espacios, todo lo creado obedece a un padrón. Claro que hay una armonía natural y él lo aplicaba. A los cuadros de Torres García no se pueden  mirar así nomás, hay que analizar, hay que estudiados porque ahí está su arte.

Nos quedaron muchas cosas por hablar: de sus exposiciones, de la musicalización de sus poesías, del éxito de sus libros, de sus alumnos más destacados… Pero bueno, mejor, así tenemos un pretexto para reeditar estas conversaciones con  el Profe, que para nosotros son siempre tan gratas.

Carlos M G
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