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Arcavoces canta y cuenta

Arcavoces canta y cuenta
Como parte del ciclo “Dos Destinos” del Centro Cultural María Elida Marquizo, de la ciudad de Rocha, estos jóvenes rochenses nos regalaron sus mejores temas y contaron sus vivencias. Las historias y las canciones que han forjado una carrera artística consolidada, auténtica y vigente.

Juntos desde niños, coincidiendo en estudios de guitarra, en sus gustos musicales, en sus condiciones artísticas, en su sensibilidad y en ese sueño de muchos jóvenes, que tantos frutos ha dado  “cantar como Los Zucará” .

  

Alejandro Arbulo: Nuestra idea es compartir las canciones que hemos venido cantando desde hace doce años y pico con Gerardo y también contando cómo han sido estos años compartidos. Yo soy Alejandro Arbulo, un gurí de Rocha, nacido acá en Rocha, hijo de Eduardo Arbulo y María de los Ángeles Delgado. Nací en el año 1984, el 2 de julio. Tengo tres hermanos: Natalia, Victoria y el Nacho; dos sobrinitos Ema y Francisco. De niño estudié en el Jardín de Infantes de Rocha, fui a la Escuela Ramírez y  al Liceo. En el año 93 me fui para Montevideo a estudiar por allá, en la Facultad de Agronomía. Muchos de esos años fueron compartidos con Gerardo. Con la música siempre me gustó cantar, siempre. Canté en la Murga el Karaoque en Costa Azul, cuando era chico. Empecé a estudiar percusión con Angel “Oreja” Silvera, tenía siete años cuando comencé. Recuerdo que fuimos a ver un recital de Los Zucará en el teatro, con el Oreja y aquello me llegó al alma y a partir de ahí le dije a mis padres que quería empezar a estudiar con él. Cuando se va para Perú me aconseja que estudie guitarra con Enrique Cabrera. Cuando comencé a estudiar con Enrique conocí a este “individuo”que tengo acá. En los comienzos nos presentamos en el festival de Durazno, eramos unos gurses chicos y nos presentamos con este formato, guitarra y percusión. Vamos a hacer el primer tema que nos juntamos a tocar:
“Hay quien pidiera…
besar tus ojos compañera,
y cruzar tus muros, tus fronteras…”

Gerardo Techera: Soy Gerardo hijo de Leonidas y Angelita, también nací en el 84, hijo de trabajadores. En mi casa había una guitarra que estudiaba mi hermana. Tengo dos hermanos, otro más grande que yo y una hermana, yo soy el más chico. Un dia surgió la inquietud de qué era ese instrumento. Por alguna razón terminé en los talleres de Enrique, tenía 7 u 8 años. Enrique un maestro, no solamente en el canto y la poesía, con su voz muy profunda. Para un gurí de 7 u 8 años que Cabrera te hable con “esa voz” y estudié muchos años con Enrique  ya iba a la casa y ni golpeaba. Bueno y ahí nos conocimos con este muchacho Alejandro Arbulo. Nos cruzábamos en los grupos, él iba a otro. Un año se reunieron los grupos, aunque ya teníamos cierta relación porque nuestros padres eran amigos y ahí empezaron nuestras “aspiraciones de cantores”. Nos juntamos y seguimos cantando, primero en un boliche en La Paloma “Lo de Rosita” fue por invitación del Chacho Píriz que nos invitó a tocar todos los jueves a las siete de la tarde, con unos fríos como hoy, así pasamos dos inviernos, tocando todos los jueves. La primera presentación con el nombre de Arcavoces fue en el año 2000 en el festival “Donde nace el sol canta el Uruguay, que después con el tiempo fue Derrochando Coplas. No sólo éramos nosotros, estaba Bruno Aldacor, el Pepe Martínez. Bueno y en eso andábamos, nos pasábamos sacando canciones de los viejos casetes y cantábamos canciones de Los Zucará.
“Qué lejos que está mi tierra
Y sin embargo tan cerca,
Es que existe un territorio
En que la sangre se mezcla…”

  

 “Después empezó la época de los festivales, estuvimos en el Festival de la Canción y ahí estuvo con nosotros Luis Martínez que nos acompañó mucho tiempo en la percusión. El festival fue una experiencia buena para nosotros y nos ayudó a consolidarnos como grupo. Después fuimos al Festival de Durazno, anduvimos por allá. El Festival Guitarra Negra en Montevideo. Con este tema tuvimos el gusto de conocer a Silvio Ortega, “El Molécula” fue guitarrista de Zitarrosa. Decía que Zitarrosa lo elegía a él de pareja para jugar al truco. Nos ayudó mucho a arreglar las guitarras. Esta canción es de Enrique Silva y la musicalizamos nosotros, se llama “Al muñeco del aire”:
“Quiero hablarte rival de la tristeza
Sé que estás por ahí en cualquier parte
Matizado de signos y montañas
En el íntimo hueco de la tarde”

“Después nos fuimos para Montevideo (a estudiar) y todo fue más complicado. Era difícil mantener la constancia, pero siempre tratamos de mantenerla. En ese momento empezó la necesidad de componer nuestras propias canciones. Compañeros y gente conocida nos empezó a arrimar poesías. Empezamos a musicalizar, también algunas cosas de nosotros. En ese momento integramos con una banda de músicos de Montevideo, que se llamaba Otras voces cantan. Tocamos en peñas estudiantiles, ayudando a organizaciones sociales, difundiendo la memoria colectiva.
Un día fue el Oreja a casa a decirnos que el Gallineta había escrito una canción, después de estar mucho sin escribir, una canción al fletero que pasaba todos los días por la casa.
Después conocimos al fletero y por supuesta al Gallineta, conocerlo y estar con él fue una de las experiencias más profundas. Nos abrió las puertas de su casa y empezó a sacar canciones. Nos pedía que cantáramos y él recitaba poesías en el medio. Eso es un privilegio que nos dio la música que nos quedó grabado.
Interpretan del Gallineta Silva “El fletero”

Después empezamos a componer nuestras canciones y una de las primeras fue la que le dio título al primer disco y se llama Sueñito de Reveldía. Ahí empezamos a tocar con otros músico, con compañeros de Montevideo y Canelones, como una banda y con ellos grabamos ese disco.“Sueñitos de Reveldía”.

Siguen las canciones, siguen las historias y Arcavoces va logrando un show íntimo, emotivo, que se enriquece con la presencia de sus familiares más cercanos, padres, hermanos, sobrinos. Con un repertorio que muestra la evolución y la madurez de dos jóvenes intérpretes que empezaron desde muy chicos. No faltan los agradecimientos, a la familia, a los amigos, al profesor Enrique Cabrera. Culminan la actuación con una canción del cantautor de 18 de Julio Alcides Romero, Dos Mañanas, destacando la satisfacción que sintieron cuando Alcides les invitó al escenario a cantar y compartir el reconocimiento que le hacía su pueblo en el festival A orillas del San Miguel.

 Quedarse hasta el final implicó disfrutar de casi todo su repertorio y de conocer de “primera mano” no sólo los hechos puntuales sino sus vivencias a través de casi trece años de compartir interpretación, creación y trayectoria. No es común participar de un espectáculo de estas características, como no es común encontrar dos jóvenes que han hecho de la amistad, de la música y de sus ideales,  la razón de vida.
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