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Palabras en el agua

Palabras en el agua
Agosto. "Palabras en el agua" uno de los √ļltimos libros de poes√≠a de la escritora Yolanda Clavijo Enrique. Ella dice: "Porque meci√≥ mi cuna el sonido del mar y las gaviotas me cantaron la nana; por eso soy poeta."
Este libro titulado "Palabras en el agua" es, a mi entender, una compilaci√≥n de los poemas m√°s potentes de esta magn√≠fica poeta puntaeste√Īa, a quien los versos le surgen y caen al papel como gotas de agua.
MSA

Escenarios.uy comparte un poema dedicado a los 100 a√Īos de la muerte de Delmira Agustini.

ELEG√ćA PARA UNA POETA
Delmira, Delmira, gritó la noche
Delmira, el viento suelto entre rosales
Delmira pronunciaban las clandrias
mientras morías de amores en la tarde.
Era una tarde gris para las letras
que refugiaron su dolor profundo
en el abismo cauto de misterios
en el dulce dolor de lo intangible.
Casi no eras y sin embargo eras
casi era la muerte y no fue la muerte
porque la querer matar, en la agonía
renacían tus verbos muy concientes.
Sonó un disparo queriendo acallar
el amor que querías y negabas
la muerte recorrió todo tu cuerpo
pero el silencio a tu voz no callaba.
De tu boca salió una paloma
llevó hacia el cielo tu verbo imponente.
Delmira, Delmira, gritaba la noche
Delmira, no te vayas eres surgente.
Que te espero Delmira en esas cumbres
que sintieron tu voz, tu luz, por siempre.
No comprendieron el tiempo que aleteaba
como p√°jaro sutil y muy presente
en la prosa sublime que vertías
en las tardes de sue√Īos sonrientes.
Eras un sue√Īo m√°s de nuestras letras
eras el canto despertando al alba
el amor de ilusiones que abrazaste
no era el amor, era tu sed de ser amada.
Y sin embargo, queriéndote marchar
no te marchaste nunca eres llamarada,
llamarada de luz y de prestancia.
Ellas est√°n ac√°, est√°n contigo
con nosotros est√°n, con tus palabras
desparramadas en sutil presencia
en las nubes sinuosas de la tarde.
Decimos poeta y te nombramos
decimos poeta malabar de estrellas
cubriendo con un manto de pureza
la noche cruel que acalló tu siembra.
No pudo con tu verbo, con tu voz
amaste el amor, y del amor huías
despertabas la ma√Īana con el sue√Īo
de volver a caer en las caricias
y ese loco calor de los deseos.
Delmira, Delmira, gritó la noche,
Delmira el viento suelto entre rosales.
Delmira pronunciaban las calandrias,
mientras morías de amor, en esa tarde.

Yolanda Clavijo Enrique