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Los no escuchados...

Los no escuchados...
Setiembre.   Con este título (Estigma, informe sobre una verdad y una mentira), la profesora de Literatura (jubilada) y poeta Silvia Prida, presentó en la sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional. Acompañada por su familia, por amigos y por tres referentes en este tema. 
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, estigma (del latín stigma y este del griego, picadura), significa: 1) “Marca o señal en el cuerpo”, 2) “Desdoro, afrenta, mala fama”, 3) “Huella impresa sobrenaturalmente en el cuerpo de algunos santos extáticos, como símbolo de la participación de sus alma en la Pasión de Cristo”, 4) Marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud”.


Un libro con ese nombre, creo que no va dirigido a señalar alguna marca en el cuerpo de alguien. Por eso deberíamos quedarnos con la acepción señalada con el número dos, al que habría que agregar “discriminación, desigualdad, separación, exclusión”.
Con este título (Estigma, informe sobre una verdad y una mentira), la profesora de Literatura (jubilada) y poeta Silvia Prida, presentó en la sala Julio Castro de la Biblioteca Nacional. Acompañada por su familia, por amigos y por tres referentes en este tema, Carlos Liscano (escritor, director de la Biblioteca Nacional), Federico Lezama y Álvaro Loureiro.
En ese lugar estuvo presente esta revista que, aunque tiene como meta mantenerse en acontecimientos que ocurren en la región Este del País, el suscrito consideró que este es un tema que necesita ser encarado, de acuerdo a la realidad en que estamos inmersos.
Como dice la escritora en el prólogo, “…Estigma no habla solamente de la exclusión que sufren en nuestra sociedad las personas con discapacidad, sino todos los que, por una razón u otra, deben vivir en el margen, en la miseria y el aislamiento a los que la sociedad los somete. Habla también de las dificultades que tenemos los seres humanos para aceptar al otro, al raro, al diferente, ya sea por su aspecto físico o su color de piel, su orientación sexual o religiosa, su forma de vestir o su falta de dinero. Ninguna sociedad es democrática ni plenamente humana, si excluye a algunos de sus integrantes.”

Con seguridad, la lucha de Silvia por evitar que esos estigmas cayeran sobre su hija, nacieron el día que se enteró que había nacido con síndrome de Down. Los que la conocemos, sabemos de su lucha permanente, pero la lucha no se centra en un solo individuo. Lo ideal sería que la mayoría de los miembros de nuestra sociedad la imitáramos para que, en forma gradual, aprendamos a convivir entre seres diferentes, respetándonos y aceptándonos.
Primero fue una obra de teatro que Silvia escribió en el año 2009 para que su hija, Natalia Lambach cumpliera su sueño de ser actriz, al que había accedido luego de varios rechazos por encargados de escuelas de teatro, cuando apareció la aceptación de la Escuela de Artes Escénicas del Teatro Central.
Desde el año 2010, Natalia y Silvia han recorrido teatros de Montevideo, del interior del país (Minas, Paysandú, Tacuarembó. Canelones, Rivera, Mercedes, Fray Bentos, Florida, Maldonado, Nueva Palmira, Ciudad de la Costa, El Sauce) y del exterior (Festival Internacional de artes Escénicas Palatio Arte, Segovia, España.)
Hoy llega como libro, en una coqueta edición yagurú, editorial a cargo del poeta uruguayo Gustavo Wojciechowski ( Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ).
Por la madre supimos que los suelos de Natalia relacionados con la actuación, se ha ido cumpliendo en forma lenta, porque siempre ha debido tropezar con piedras en el camino, que son las mismas piedras que las rechazaron de las escuelas públicas, o que obligaron a interrumpir una relación amorosa con un chico con su misma condición, por incomprensión de la familia de él.
Por el camino, Natalia ha aprendido a sortear esas piedras. Hasta fue reconocida como Mejor Actriz de Reparto con el premio Florencio en el año 2013, por la obra Arlequín, convención de brujas, de Verónica O`Brien.
Hoy, gracias a las políticas de integración implementadas desde el gobierno, se presentó a un llamado y en este momento está cumpliendo una pasantía en ANCAP.
Lo que todos debemos saber es que detrás de esos logros, está la lucha de una madre tesonera que sabe de la importancia de la estimulación temprana, y una familia que la aceptó desde el primer momento. Eso hizo que desarrollara el gusto por la lectura. También, a poder escribir para comunicarse. Esto quedó registrado en una de las hojas del libro que me entregara, donde estampó con una letra grande: “gracias por estar y acompañarnos. Natalia y Silvia”. Para mí fue un gusto acompañarlas. Siempre es enriquecedor participar de eventos positivos.
Como dijo el reconocido escritor uruguayo Eduardo Galeano, luego de asistir a una de las funciones, y que la autora lo toma como epígrafe: “Siempre pensé que los no escuchados, eran los que tenían algo importante para decir.” Ojalá, los que creemos que no somos discapacitados, aprendamos a oír las cosas importantes que tienen para decirnos los que creemos que son “discapacitados”.


wrr