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Entre la soledad y los aplausos

Entre la soledad y los aplausos
Mayo El libro que ha escrito el periodista Miguel Ángel Campodónico además de revelar el verdadero nombre de la icónica figura de la televisión uruguaya, muestra la vida de una mujer apasionada, que luchó por abrirse camino en una época hostil. Editado por Aguilar, el libro de 176 páginas cuesta $ 340.
El libro
El mundo de Cristina Morán es la historia de la televisión uruguaya. Miguel Ángel Campodónico revela la vida de una mujer apasionada, que luchó por abrirse camino en una época hostil.
Con encanto, profesionalismo, vitalidad, coraje y compromiso, "la Morán" conquistó un destacado lugar en los medios de comunicación, desde los 17 años hasta el día de hoy. Un libro que dialoga con el presente e interroga acerca del papel de la mujer y los medios en la sociedad.
Una vez más Campodónico demuestra, con calidad literaria y criterio periodístico, su habilidad para retratar a las figuras relevantes de su tiempo.
El autor
Miguel Ángel Campodónico ha publicado dos libros de cuentos y ocho novelas (una de ellas en Francia), por los que recibió varias distinciones (Intendencia Municipal de Montevideo, Ministerio de Educación y Cultura, Premio Fraternidad, etc.). Fue el primer escritor uruguayo invitado a una estadía en la Maison des Écrivains Étrangeres et des Traducteurs de Saint-Nazaire, Francia. En el último coloquio internacional en el que participó leyó textos propios ("El bestiario latinoamericano", Poitiers, Francia, 2009).
En los últimos años se ha dedicado especialmente a la no ficción. Comenzó con Sin límites-Vida y muerte de Villanueva Saravia (1998) y continuó con algunos títulos que alcanzaron niveles excepcionales de difusión en el Uruguay, como, por ejemplo: Mujica (1999, reeditado en 2005 ampliado), Las vidas de Rosencof (2000, reeditado en 2003 y en 2012), Antes del silencio (2003), Después del día diez (2003). También ha publicado tres diccionarios, el último de los cuales Nuevo diccionario de la cultura uruguaya (2003, reeditado ampliado y actualizado en 2007) incluyó más de 1.000 entradas de uruguayos representativos del teatro, las artes plásticas, el cine y el video, la música, las letras y el periodismo.
Sus últimos libros de no ficción son: Mario por Benedetti, retrato íntimo de mi hermano (2011), Historias del Sodre (2011), Estamos seguros (2011), historia del conjunto uruguayo de rock Los Delfines, y Mi segunda cordillera (2011), una investigación sobre Carlos Páez hijo.
Integra el Consejo Editor de la revista Maldoror desde hace varios años. Ejerció el periodismo especialmente en el semanario Aquí y en los diarios El Observador y El Día.

Fragmentos de Cristina Morán. Entre la soledad y los aplausos
"Iris leyó cierta mañana en El Día –el diario que habitualmente recibían en su casa– un aviso que le llamó la atención (...) se solicitaba una señorita de buena voz, buena presencia y simpatía. Iris no tenía la menor idea acerca de lo que el avisador buscaba con semejante descripción, la única información que se agregaba era que las interesadas debían escribir a Mercedes 973. Cuando Iris leyó esa dirección se preocupó por consultar en una guía telefónica –en su casa no tenían todavía teléfono– cuál era la empresa que estaba ahí ubicada y así fue que se enteró de que se trataba nada menos que de la muy popular Radio Carve. Al leer el detalle de las características personales que se exigían a las postulantes, Iris le había comentado a su madre: Buena voz, buena presencia y simpatía, ¡esa soy yo!".

"Entre las cosas que Iris sabía de la competencia y del plantel uruguayo hubo una que despertó su interés: el apellido de un jugador llamado Héctor Morán, quien siendo suplente tuvo la enorme responsabilidad de jugar nada menos que el partido final frente a Brasil en sustitución del lesionado Ernesto Vidal. Quizás reparó en él porque tenía el mismo nombre que su hermano, aunque esta es solamente una mera suposición. Sea como sea, lo cierto es que Iris creyó que Morán sería el apellido ideal para unirse al nombre Cristina, sintió que al pronunciarlo tenía música, que sonaba de un modo perfecto. Así se definió para siempre la nueva identidad de Iris Fariña Romano, a partir de aquel momento sería Cristina Morán, gracias al apellido de un jugador de fútbol que nunca conoció y de un nombre que le fue impuesto en Radio Carve por razones profesionales".

"No sé si alguna vez había pasado por mi cabeza ser actriz, en una cabecita tan joven y con tantas ganas de hacer puede ser que lo pensara, pero no lo sé, volvemos al principio, todo se me fue dando a partir de aquel aviso de El Día. Ese fue el comienzo de todo, fines del año 47 y principios del 48. Se puede decir que entonces nació esto que soy yo. Y hoy parecería que nunca hubiera podido hacer otra cosa. Yo sé que puedo hacerlo, sé que nací para eso, en el mundo de la comunicación –locución, comerciales, conductora de programas, radioteatros, campañas de apoyo para esto y aquello, teatro– siento que no hay nada que yo no pueda hacer".

"Cristina asegura que durante los largos años del proceso militar nunca recibió presiones de ningún tipo del Canal 10 (...) 'Durante la dictadura yo no podía hacer nada contra el régimen militar –subraya Cristina–, por lo demás siempre dije que había que defender la fuente de trabajo. A mí nadie me controlaba en el canal, nadie me dijo nunca que no podía hacer esto o aquello. Yo sabía muy bien qué era lo que no me estaba permitido, la autocensura en esos casos es necesaria. Pero, además, ¿yo fui la única, fui yo sola quien siguió trabajando? Cada cual siguió en lo suyo, los empleados públicos no se fueron, la Comedia Nacional no renunció en pleno, los medios de comunicación continuaron trabajando como pudieron. Yo nunca entrevisté a ninguna figura de la dictadura, ni civil ni militar, siempre me mantuve al margen de esa gente".

"Finalmente llegó el 27 de noviembre de 1983, día en el que se hizo un gran acto al pie del Obelisco, con una multitud que se extendía hacia la fuente por la avenida central del Parque Batlle que algunos medios de prensa calcularon en 400.000 personas. (...) Cristina fue una de las locutoras que intervino en el acto, además de Américo Torres, Rubén Castillo, Juan Francisco Fontoura, Julio César Ocampo, Gloria Levy, Homero Rodríguez Tabeira y Graciela Posamay. (...) Los silbidos, los abucheos y los gritos proferidos con inesperada violencia que recibió cuando leía un telegrama de adhesión de Lech Walesa –lo único que pudo hacer– la obligaron a abandonar el estrado. Terminó con la lectura de las palabras del líder polaco (...), bajó los escalones y se quedó en un extremo del estrado junto a Carmen, que la había acompañado para presenciar el acto. No se fue, permaneció junto a ella hasta el final. Apenas llegó a decir "¿pero qué es esto, no me quieren?".

"Con sus juveniles veinte años Carmen asistió a aquella alborotada condena que sufrió su madre sin poder entender lo que estaba sucediendo, sobre todo porque tenía muy clara cuál era la posición política de Cristina y su postura frente a la dictadura. Recordaba, además, cómo ella se las había ingeniado para apuntalar a quienes estaban proscriptos acercándolos a su programa una vez que el ambiente político lentamente había empezado a despejarse. Cuando terminó el acto se fue con su madre, caminaron las dos en absoluto silencio hasta la casa en la que vivían".

"A mí me acusaban de todos lados, tanto de la izquierda como de la derecha, pero me arreglé sola, no necesité que nadie me defendiera. Yo sabía que había gente que sacaba la cara por mí, pero no porque yo lo hubiera pedido (...) Y no lo pedí porque yo fuera una orgullosa sino porque no quería comprometer a nadie. Fui a la lucha sin protección y por eso cuando empezó la Concertación estaba sola".

"Puede parecer mentira que yo que soy una mujer que está al día, que tiene la mente abierta y que está tan actualizada –expresa Cristina– al terminar aquella relación con quien yo llamo novio porque en los once años nunca convivimos, me dije que en mi casa nunca más entraba un hombre. En aquel momento para mí lo fundamental fue cuidar a mi hija".

"Traverso recuerda algo que no hace otra cosa que confirmar aquella condición que resultaba evidente para quienes la conocían: 'Hay una frase de Cristina que recuerdo porque me la dijo en más de una oportunidad, tenía que ver con la sensación que le daba a su hija llegar de la escuela, abrir la puerta de su casa y sentir el olor de la comida casera hecha por su madre. Pera ella era la sensación de hogar. Cristina es una madraza, ha pensado siempre en su hija Carmen tal vez más que en sí misma'.

"Según lo que ella piensa acerca del camino que ha seguido la televisión, es hora de reconocer que se trata de un medio deshumanizado porque no apuesta al ser humano, no tiene en cuenta a las personas ni lo que hace la gente. Esas son sus palabras. Y agrega algo más que intenta esclarecer su idea central: 'Hoy todo es entretenimiento, cuando leí el libro de Vargas Llosa "La civilización del espectáculo" me dije, pero, ¡claro, es eso!, me di cuenta de que yo estaba luchando contra molinos de viento (...) Todo es espectáculo, todo pretende ser una diversión, por todos lados hay regalos para conseguir audiencia".

Fuente: www.pasaportenews.com/profesionales/2595