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Un libro necesario

Un libro necesario
Enero En una edición especial del mensuario local Popularte, tuvimos la oportunidad de acercarnos, una vez más, al poeta popular, a través del libro Por los setiembres del hombre. Un tributo a Enrique “Gallineta” Silva, escrito por Richard “Pelonga” González, un referente de la cultura local.
El libro (Publicaciones Doiler, 2013), desde el comienzo, nos empuja hacia el camino de la sensibilidad, a través de un mensaje escrito por el escritor en el año 1993 (Recorre mi camino y descubrirás mis pasos.) Después, a través de las fotos, donde aparece junto a otros escritores rochenses, pero, en especial, junto al autor del libro. Significativo es el título del primer apartado: Un abrazo de palabras…Así lo he sentido. Como un abrazo que es un tributo necesario, porque los pueblos tenemos memoria endeble.
Es un libro, como dice el autor, desde el corazón, que llega al corazón del lector. Es el canto de un poeta al poeta que emprendió el vuelo antes (02/11/2011).
¿Cómo no emocionarme con las fotos de Alejandra Nassi? En especial, en la que Enrique parece abrazar a Dagoberto, ese maestro que desde las aulas del Instituto Magisterial, de las calles Julián Graña y 25 de Agosto, abrió las cabezas de maestros de diferentes generaciones. Tuve la suerte de ser uno de esos.
Me emociona, conocer detalles (que parecen demasiado íntimos), de su dura vida. Aunque la esperanza revive cada vez que me voy enterando de que hubo una mujer importante en la vida del poeta: su maestra Marita Ramela.
Cómo no admirar al hombre que compartió parte de su vida con Esther  Puñales. Conocí a Esther, detrás de un mostrador, mientras yo recorría la ciudad en bicicleta, vendiendo productos de una casa mayorista. Su comercio estaba en la Avenida Martínez  Rodríguez casi Ituzaingó. Pequeño. Pero nunca dejó de comprar algo, “para ayudarme”, como decía. Siempre nos reconocimos. En cualquier lugar. No era de las personas que miran para otro lado para no verte. Un día, me detuvo en una de las esquinas de nuestra ciudad. Era para decirme de lo contento que había regresado su hijo de la Escuela N°7, Artigas, con una visita mía. En esa época, visitaba escuelas como inspector de escuelas. Para mí fue un aliciente, porque siempre supe de la importancia de este trabajo, para que los niños aprendieran en un ambiente de libertad y alegría. Fue un pequeño gesto, que siempre agradecí. No todos lo tienen. Esther lo tenía. Sabía agradecer.
Además emociona saber que el poeta se hizo popular  por la musicalización de sus poemas. En las voces de los cantantes, su poesía caló hondo en los rochenses y en los uruguayos. Cuando pienso en esa relación, no puedo dejar de pensar: ¿Qué sería de la poesía del Gallineta sin la música de Los Zucará, de Fernando, y de otros?
 Â¿Sabes lo que sentí mientras leía tu libro? Que supiste compartir con los lectores tu emoción. ¿Fue la letra del Gallineta lo que emociona? Sí. No parece la letra de alguien que no completó el ciclo escolar.
Este libro es una obra sensible que despierta sensibilidades. Que impresiona, como dice Fernando Rótulo, por ser intuitiva, autodidacta y naif. ¿De dónde nació esa calidad literaria en su poesía? Sin ninguna duda, de un hombre que se formó leyendo poesía. De un hombre que buscó la justicia social, pero no a través de la poesía. Lo hizo desde la lucha gremial. Un hombre, que supo “plantar esperanzas”, como dice Fernando Rótulo, que tuvo “la capacidad de combinar sencillez, profundidad y belleza”, como dijo Julio Víctor. Por eso y algo que no logro captar en su totalidad, sé que la poesía del Gallineta perdurará.
Siento contigo esas palabras tuyas, porque supo de “la continuidad de una lucha que aún está por librarse”.
Siento que con este libro (que debería tener una edición más amplia para llegar a otras sensibilidades), que al poeta lo has abrazado con ganas. Con un amor que salta en cada palabra. Merecido. Y, aunque alguna vez haya dicho “el olvido también es poesía”, somos muchos los que estaremos junto a ti para que no haya olvido. Hoy, sé que su obra es libre porque fue parida en su alma, alejada de academias.
Somos muchos los rochenses que no nos preocupamos, aunque haya dicho que “la ausencia está llena de sonidos”. Pelonga, puedes seguir charlando con él todos los días.

   Emociona leer sus palabras finales: “Un libro es un largo camino hecho para andar juntos.” Así lo sentí al leer este libro que merece mayor difusión. Ojalá sea como un radio que se vaya expandiendo. Lo merece, por ser un libro necesario.

Wilson Rodríguez Rodríguez