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Eso que su hijo quiere Sí o Sí

Eso que su hijo quiere Sí o Sí
Setiembre. "Pobre Reina, pensé. ¿Pobre Reina? ¡Pobres padres! ¿Pobres padres? No, no, ¡pobres niños!, cuya educación pasa por ese consumo desmedido que los adormece y habitúa a vivir en función de lo que tienen o quieren tener, ellos y sus compañeros."
 Maestra Verónica Amaral.

Con mis estudiantes de Formación Docente leíamos hace unos días "Para qué futuro educamos" de Reina Reyes. Su propuesta humanista lleva a esta educadora a recomendar un uso creativo de la imagen en la escuela sin descuidar el cultivo de la palabra. Analiza minuciosamente el efecto de la exposición de los niños a la televisión sin crítica y a la función colonizadora de la propaganda.

¡Oh, Reina! Simultáneamente, el mercado comercial nacional promocionaba el "Día del Niño" extendido, en realidad, a promocionar todo agosto como "mes del niño". La propaganda de juguetes, tablets, teléfonos móviles y un sin número de etcéteras para regalar a los niños "en su día" invadía la televisión. El colmo fue escuchar un comercial que proponía a los padres obtener "el mejor préstamo" para comprar a sus hijos eso que ellos "quieren sí o sí".

Pobre Reina, pensé. ¿Pobre Reina? ¡Pobres padres! ¿Pobres padres? No, no, ¡pobres niños!, cuya educación pasa por ese consumo desmedido que los adormece y habitúa a vivir en función de lo que tienen o quieren tener, ellos y sus compañeros.

¿Comprar aquello que los niños quieren SÍ o SÍ? Sí o sí merecen y tienen derecho a la vida, a la salud, a la educación y la protección de sus padres. ¿O será que en las declaraciones de derechos del niño olvidaron incluir el derecho a poseer lo último en tecnología, lo más caro en ropa y juguetes, lo más novedoso aunque frágil y poco relevante en cuanto a los valores que se necesitan para una vida plena? Estuvimos de acuerdo con mis alumnos que seguro no era así. . . La confusión pasa por otros parámetros.

Ahora bien, ¿qué puede hacer la escuela en relación a este tema? ¿Qué nos mandata la autora en cuestión y cuanto estamos dispuestos a arriesgarnos los docentes a la censura de una sociedad que ya poco se cuestiona el consumismo como forma de vida y relacionamiento entre pares? Es evidente que la autora pretende un vínculo mayor entre niños y adultos, la necesidad de construir una línea de argumentación crítica que permita a los niños ser más selectivos en cuanto a qué consumir tanto en lo material como en entretenimiento ¿Pero cómo lo haremos en momentos en que las familias disponen de menores tiempos para compartir (hay que trabajar más para consumir más . . .) y los profesionales de la educación deben usar casi todo su esfuerzo en contener subjetividades casi patológicas, asistir al niño que aun con necesidades básicas insatisfechas también se ve envuelto en la carrera del "tener" ?

Comparto acá con Uds algunas de las reflexiones de mis alumnos y espero conocer algunas de los lectores.
"Difíciles tiempos para ser maestro: ¿Como competir con la televisión?"

"Aún las XO han pasado a ser una posesión para entretenimiento, no para lograr aprendizajes".
"Los padres deberían oponerse ellos al consumismo primero para luego poder encaminar a sus hijos en otra dirección y, en este momento, encuentran más fácil "seguir la corriente" que oponerse".
"Los docentes estamos en el mismo barco, también somos enormes consumidores poco críticos la mayor parte del tiempo."
"Los niños son capaces de un discurso anti consumo y ambientalista pero no encuentran en los adultos ejemplos que los lleven a poner en práctica dicho discurso".

Lo positivo de este encuentro de realidades: la lectura del libro fue realmente contextualizada y al menos un pequeño grupo de docentes en formación se detuvo a analizar la situación incluyéndose en ella. Después de todo, también reconforta sentir el vínculo que una pedagoga nacional logra establecer con nosotros a través del tiempo. Termino con una cita del Mtro. Soler que se dirige a nosotros en el mismo sentido:
“A quienes hoy están estudiando me permito decirles: no se conformen con aprobar sus personales exámenes ni con conquistar sus codiciados y merecidos títulos. No ahoguen sus dudas en cualquiera de las formas del éxito, movilícense en busca de respuestas, piensen en cómo poner los saberes adquiridos a disposición de un país que los necesita, desesperadamente … No se culpabilicen; pero eviten caer en las tentaciones de una sociedad planetaria que nos necesita enajenados, competitivos, egoístas, buenos consumidores y sobre todo, distraídos”.