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Daysi Fröhlich

Daysi Fröhlich
Enero . Cada vez que vine apenas si estuve un par de horas, algunas siempre las compartí con la abuela Daysi. Visitas cortas, con charlas emotivas y profundas. Cada encuentro una lección de amor y vida, siempre combinado con un manjar exquisito. Javier Martínez Delgue


Contexto histórico de su hogar:

Salto, Uruguay, 2da Guerra Mundial. Padres Obreros, no tenían teléfono, televisión ni auto.
Cuando su padre construyó su casa, era de paredes de chapa y pisos de tierra. A los 16 años conoció a Nelson Dante Delgue Gallino.

Prólogo
Hoy es 20 de noviembre de 2009, la abuela cumple 80 años.
En los últimos años he venido muy pocas veces, al menos estoy seguro que son muy pocas para mi familia, y muy pocas para alguien que inevitablemente tiene las raíces y el recuerdo incrustado de naranjos.
Cada vez que vine apenas si estuve un par de horas, algunas siempre las compartí con la abuela Daysi. Visitas cortas, con charlas emotivas y profundas. Cada encuentro una lección de amor y vida, siempre combinado con un manjar exquisito, que podía ser, o unas torrejas en almíbar o uno cualquiera de sus dulces.
El abuelo siempre estuvo cerca, y aunque con él la charla tomaba otros caminos, de alguna forma siempre lo sentí participante de esos íntimos encuentros. Ellos son opuestos complementarios, fundidos para formar las dos caras de una misma moneda, ¿Acaso es posible igualar su amor en estos tiempos?
En realidad, la mayor parte del tiempo fueron monólogos de la abuela, yo apenas si aportaba algunos monosílabos a la conversación, pero nunca me sentí en deuda con la charla, siempre quise escuchar.
Ella es la mayor, es sabia, es el pilar donde apoyarnos todos, goza y sufre el peso de una gran familia. Pero, ¿quién era la abuela antes de ser esa fuerza vital y unificadora?, en cierto sentido el desconocimiento de ese pasado la hace inalcanzable para mí.
A mitad de una de mis visitas se apareció con un rollito de pergaminos amarillos ataditos con un cordón de lana. Me dijo que era un regalo para mí, que creía que yo bien lo apreciaría.
El rollito estaba formado por una veintena de hojas añejadas por décadas de otoños e inviernos, igual que algunos árboles viejos y resecos, habían sobrevivido el paso de mejores y peores épocas.
Dijo que era lo que quedaba de su cuaderno de notas de cuando tenía 15 años, estaba lleno de poemas y versos, algunas notas y otros pensamientos.
Con algunos cuidados y cierta naturalidad, desató y desenrolló las primeras hojas, muchas ya estaban rajadas y rotas, y de vez en cuando se caía algún pedazo, pero de todas formas comenzó a leerme algunos de estos poemas.
La forma de la lectura era tan natural y emotiva, que era evidente que los sabía casi todos de memoria, especialmente cuando aún faltando algún trozo de las hojas, las palabras seguían y los versos fluían en su boca.
Al escuchar estos poemas, tan puros e inocentes, quedé sobrecogido ante tan sorprendente y revelador contenido.
El problema era su madurez y honestidad, con ideas atemporales que daban la mejor definición del amor universal, el que perdura en el tiempo.
Mi sorpresa fue saber que mi abuela a sus 15 años ya llevaba la misma luz que lleva hoy, y mi revelación fue saber que eso era posible, que hay esperanza para los jóvenes de hoy.
De entre todos los pesares que un padre pasa con sus hijos, el último, será dejarlos, y el anterior dejarles algo, dejarles un legado, dejarles algo suyo que viva con ellos.
Entonces pienso que mi abuela tal vez no supiera que su mejor legado sería un rollo de papeles amarillos, escrito hace 65 años por una niña de 15, unos papelitos viejos y arrugados que contienen la inspiración para lograr la luz en nuestros propios hijos.


Por qué
¡Cuántas cosas encierra una vida!
¡Qué de penas, recuerdos y sueños;
qué de dramas en su alma palpitan!
¡Cuántas horas de amor y de ensueño!

Del nacer, al morir, una historia.
Para algunos, muy triste y vacía,
para otros, repleta de triunfos y glorias,
El fin anhelado de la travesía.

Unos, lloran dolor y amargura,
otros cantan riquezas sin par.
Unos tienen dinero y cultura,
otros lloran un trozo de pan.

Aquél corre por verdes praderas,
recogiendo flores de felicidad.
Este yace en su lecho y espera,
la muerte maldita que lo ha de llevar.

Dime Dios que en los cielos habitas
¿Porqué unos son buenos y otros hacen mal?
¿Porqué este pequeño, frágil y lloroso,
recién ha nacido y no tiene mamá?

¿Porqué aquel anciano flacucho y enclenque
golpeando a las puertas mendigando va?
¿Porqué aquel muchacho que baila sonriente
dinero a montones derrochando está?

¿Porqué aquella madre con su niño llora
al ver que no puede su cuerpo abrigar?
¿Porqué aquellas otras, en palacios moran,
y cunas de oro, y cálidas mantas a sus hijos dan?

¿Porqué Jesús mío, no existe en la tierra
un solo derecho, sublime igualdad?
¿Porqué tantos pueblos marchan a la guerra,
siendo tan hermosa, tan dulce la paz?
Daysi

Mª Verónica Amaral Bertone